




Dentro del desafortunado desarrollismo arquitectónico que se dió en España antes del catacrack del 2008, el mejor ejemplo de lo que finamente podríamos denominar con el nombre técnico de «ida de olla» es el complejo Gaiás, denominado formalmente con posterioridad «Cidade da Cultura de Galicia». Paradójicamente una cultura como la nuestra, hecha de lugares pequeños , verdes y boscosos se resume en una inóspita explanada pardusca y ocre con piedra traída de Brasil en éste el reino del granito.
El proyecto se inició en 1999 tras un concurso en el que participaron los mejores estudios de arquitectura del mundo, y finalmente el proyecto fue adjudicado a Eisenmann Architects. Peter Eisenmann desbastó el monte Gaiás para volver a construir los volúmenes en una especie de «Ciudad de las ciencias y las artes» de Calatrava sin Calatrava – que además se retiró del concurso- con todavía menos sentido (del gusto y de la función). Por si el pastiche no era suficiente, al proyecto se le sumaron con posterioridad las «Torres Hejduk», que habían sido pensadas para otro lugar, y el «Edificio Fontán» y apaños siguientes, dado que la crisis del 2008 obligó a la suspensión de las obras, por la que al menos dos edificios no fueron terminados. De ahí que hoy -a pesar de la dignidad del resultado final- el complejo es una especie de totum revolutum con bosque, charca y mucha altura interior. No agobia nada.
Hoy es un conjunto de edificios de usos variados: oficinas públicas para las que no estaba pensado, museos con ínfimo número de visitas y lugares en general muy amplios, porque como decía el anuncio «el verdadero lujo es el espacio».
Con todo, hay opiniones a favor y en contra del valor arquitectónico del complejo, y no me da el conocimiento para impartir cátedra. Sí recomiendo su visita si sois aficionados a la arquitectura (pero sin sustituirlo por ver el casco viejo de Santiago).
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